martes, 8 de julio de 2008

El primer hijo


Anónimo

Niño de cabellos negros y largos
Que has nacido de mí
Y en mi has muerto.

Aun despierto cada noche imaginando nuestro pasado
Y tu presente, caminando solo en el monte más lejano.
Tu corta existencia en el árbol de mis brazos
Sigue siendo un misterio para mi corazón.

Has sido carne de mi carne.
No te puedo cantar la melodía del adiós
sin que en mis ojos estallen las mil venas
que arrastran el flujo de mi dolor.

Tu sonrisa retumba en el baúl que cargan mis manos vacías.
Mi soledad te busca incesantemente,
Siempre tan necia, le he dicho que te has ido
sobre las rieles de tu eterna búsqueda.
Has marchado sin mirar atrás.

El bosque de mi alma no sabe que hacer sin tu silencio indomable
Ya nadie huele sus flores y canta a sus conejos.
Los lobos aúllan cada noche por ti con el alma desnuda.

Niño de mis ojos que te proclamaste dueño de mi blanco sol,
Te has marchado en busca otra negra luna.
Aun me pregunto si te encontrare,
En este mi bosque o al otro lado del mundo.
Hoy o quizás en este futuro incierto
que esconde las flores de mis amaneceres.

Te podría esperar esta y mil vidas más,
Pero no lo haré.
Si algo me enseño tu tierno gesto
Es que no he de mirar atrás
Cuando ya decidí dar el paso hacia delante.

Mi pequeño crío de ojos despiertos y manos ansiosas,
Tú que siempre miras más lejos del último árbol,
Donde mis ojos no llegan
Mis pies están en el presente
Y en el presente no estas tú.

Sin embargo aferro tu pequeña cabeza mansamente contra mi pecho.
Tu presencia no me abandona,
Tu carne me busca
Y tus ojos me olvidan.

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