miércoles, 9 de febrero de 2011

Relato de un día en el bosque y los espiritus




Era un día como cualquier otro, no teníamos muchas ganas de ir. Salimos tarde, y tuvimos que tomar mucho más buses de lo que me hubiera imaginado. Al llegar a la entrada en la carretera, supimos que tendríamos que caminar bastante, en medio del sol de las doce y por caminos empinados.

Finalmente llegamos. Inmediatamente nos dirigimos a buscar nuestros pequeños espíritus infantiles en forma de paraguitas con enaguas.

Al dar los primeros pasos la búsqueda dio frutos, y la cosecha termino siendo intensamente satisfactoria.

La porción por persona fue mucho mas de lo que esperábamos, tanto por la cantidad como por los efectos.

El carioca se empezó a sentir mal y su rostro se puso pálido como la nieve.

Decidimos ir al fuego porque tenia escalofríos, y allí todos empezamos a entrar al mundo mágico de los espíritus juguetones. No parábamos de reír, pero yo tuve que irme. Corrí descalza hacia un pequeño bosque, que después descubrí que era de espinas. Filudas espinas en el piso, en los árboles, en mi cabeza, me desgarraban la ropa y hacían sangrar mi piel. Al salir encontré a mi hermana, que me buscaba preocupada. Entonces ella me invito a rodar, por la colina, yo le seguí.

Rodamos juntas por unos momentos, hasta que le dije que debíamos ir al bosque.

Ella me siguió. Al entrar al bosque ella encontró un árbol con el que podía volar, a ella le gusta volar. Yo pude trepar. entonces seguimos corriendo y al escuchar que nos llamaban decidimos escondernos o, más bien, jugar a las escondidas. Terminamos acostadas en un pequeño claro del bosque en donde todos los árboles venían hacia nosotros, y el viento soplaba tan fuerte que parecía que una nave espacial estaba a punto de aterrizar. Los árboles se abalanzaban sobre nosotras y nos lanzaban hojas y ramas.

Entonces quisimos ser árboles. nos subimos sobre la cabeza de un árbol cortado y mi hermana sobre un pequeño duende con un brazo muy largo.

Mi árbol no tenia brazo, y ella no podía ser un árbol porque los árboles no se doblan tanto. Yo agarre el brazo del duende, que ahora era también parte de ella, quise subir, pero no me dejo, entonces lloré, pero a pesar de mis lagrimas no me dejo. Entonces subí a mi otro árbol, pero los demás nos encontraron, y el carioca me empujo. Cai al piso y, aunque antes también había caído en forma de "salto", me moleste mucho, y llore más.

Busque a mi niña gato, de ojos grandes y negros, ella estaba preocupada. Quise acostarme a su lado, pero el argo carioca se lanzo sobre mi. No me podía mover, así que lloré intensamente y muchos maullidos salieron de mi, hasta que al fin pude escapar. La niña dentro de mi empezaba a desaparecer, y vino la princesa con los lobos. Mi hermana y mi hermano los vieron. Ella reconoció a la princesa de la nieve en mi, con mis dos lobos blancos. Dice que yo llame la tormenta.

Huí lejos de todos, a las profundidades del bosque, pero el diluvio fue muy grande, y los árboles no me pudieron proteger. Corrí al refugio donde vive el guardián.

El me recibió con una bebida caliente y mucha tranquilidad. El guardián camina por los dos mundos con absoluta confianza, por eso puedes aportarte en el.

Yo no quise iniciar la tormenta, y quizás no lo hice, pero la lluvia siguió, el viento temible, y trozos de hielo empezaron a caer del cielo.

EL gato y el carioca llegaron al refugio después de un momento. Estaban en gran angustia porque querían volver al otro mundo, pero no podían. EL gato no entendía si algún dia podría volver, a la ciudad o a su país de origen. Trate de calmarlo pero su angustia solo creció, no podía caminar.

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